Una de las cosas más necesarias y rutinarias es tal vez la más complicada de aceptar: que cambiamos muchísimo conforme pasa el tiempo. Nuestro paso por este mundo implica un intercambio de acciones que nos moldean así como a todo lo que nos rodea. Y mucho de esto viene de eventos que sencillamente no podemos controlar, por mucho que quisiéramos.

Tengo 33 años, y estoy a una semana de cumplir 34. Luzco más viejo que antes, he subido de peso y estoy parcialmente calvo. Estoy en una ciudad donde nunca imaginé vivir, junto a mi esposa y dos hijas. Por cosas de la vida, ahora mis suegros viven temporalmente con nosotros. Justo ayer celebramos el cumpleaños número 75 de mi suegro, a quien el tiempo también le ha pasado factura. Y en este preciso instante, estoy sentado en el comedor, escribiendo esto en mi iPad, mientras mi esposa y mi suegra se ponen al día con The Crown. Nuestras hijas deben estar durmiendo.

En las entrevistas de trabajo, suelen preguntar dónde te ves en 10 años. Claramente, jamás habría imaginado esta situación a mis 23 años.

Por tanto, me sorprendí gratamente cuando mi esposa me habló de cortarse el cabello para donarlo. De donde venimos, el concepto de belleza en las mujeres estuvo por mucho tiempo definido por la habilidad de cada mujer para mantener su peso, cabello, uñas y vestimenta cercanas a lo que solíamos ver en certámenes de belleza o en telenovelas. Mi esposa, por ser afro-latina, tiene el cabello mixto, que a pesar de ser increíblemente común en Venezuela debido a nuestras raíces mestizas, entra en esa área gris del pelo malo. Todo cabello que no entre en ese minúsculo rango entre completamente lacio, cabello fino o secado en peluquería, es considerado pelo malo. 

Sin embargo, luego de investigar mucho online sobre donar cabello, nos encontramos con un par de realidades:

Hay niños que pierden el cabello por varias enfermedades, como cáncer o alopecia.
Muchos de estos niños no encuentran pelucas acordes al tipo de cabello que solían tener antes de perderlo.

Parece muy tonto, pero el origen de todo esto es muy similar: las minorías raciales no están representadas en muchas áreas, y desafortunadamente son objeto de prejuicios y exclusión. En otras palabras, no hay suficientes pelucas de pelos malos. Si bien una peluca no soluciona los problemas de raíz, es una pequeña vuelta a la normalidad para muchos niños.

Pensar en formas de ayudar, especialmente en tiempos de pandemia, nos llevó a un ejercicio de establecer prioridades. ¿Cuáles son los problemas que afectan más a nuestras comunidades, y qué podemos hacer al respecto?. Sin embargo, esto es un ejercicio fútil, porque cada quien tiene sus propias motivaciones para ayudar a los demás, y desconocer el contexto u origen de muchos de los problemas que, como consecuencia, requieren de la atención y ayuda de todos, hace invisible muchos otros problemas que son prioritarios para quienes están afectados por ellos. “Pero es cabello, hay gente muriendo allí afuera”. Ciertamente, pero eso no cambia el hecho que hay múltiples áreas y lugares en que podemos hacer algo para ayudar.

Así que Francis se cortó su cabello, el cual fue donado junto con una contribución en metálico a Locks of Love

El tiempo no dejará de pasar, y con él, vendrán cualquier cantidad de retos y situaciones con los que tendremos que lidiar, simplemente porque no hay más opción. Pero al mismo tiempo, estamos en una posición de privilegio en que podemos ser parte del cambio, por muy pequeño que sea nuestro aporte. Sea para nosotros, o para el resto. Somos más que pasajeros en este viaje, donde cada vuelta de la esquina encontramos lo inesperado.

No tenemos forma de ver qué harán con el cabello que donamos. Y no estamos acá por el ticket dorado que nos garantiza la entrada a la fábrica de Willy Wonka. Las fotos son solo una evidencia de una transformación que jamás pensé presenciar, que fue dura y liberadora para Francis. Fue despojarse de un estigma, y de reconocimiento del paso del tiempo. De reconocer que no somos las mismas personas de hace 10 años. De encontrar espacios para ser de utilidad. De tener nuevas oportunidades para crecer, a pesar de las dificultades.

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