Cuando era niño, siempre quise conocer la nieve, o algún país donde el invierno llegase con nieve. La suficiente para jugar con ella, hacer muñecos de nieve, etc. En condiciones normales, la imaginación puede llevarte a sitios nuevos y nuevas experiencias de vida. 

Viniendo de un país subtropical donde el clima es más o menos idéntico todo el año, es una locura pensar que alguna vez podría ver la nieve en persona. Sin embargo, Venezuela y sus microclimas es algo real. La región andina puede tener nevadas durante los meses de Julio y Agosto (a pesar de estar ubicados en el Hemisferio Norte). Pero no es un evento común, y ahora con el cambio climático, nuestros picos blancos Merideños lucen grises y tristes, aunque nunca perderán su belleza y grandeza.

Un día antes de llegar a EEUU, en Diciembre de 2017, vimos en la noticia que Texas iba a lidiar con una nevada menor e inusual, cosa que no pasaba en años. Fue más una granizada leve (lo que aquí conocen como sleet), pero igual fue impresionante. Como el mismo hecho de llegar a este país. Lidiamos con una que otra nevada menor en Texas, pero nuestro bautizo invernal llegó mientras estuvimos en Louisville hace unos meses

Y no lo niego, fue divertido y muy bonito. Pero increíblemente frío e incluso peligroso. Perdí la cuenta de accidentes viales que vi en Louisville, todos causados por conductores imprudentes y vías congeladas. 

Dias después, ya en Texas, fue nuestro turno de lidiar con una tormenta invernal. La primera en muchos años, y única en intensidad. El resultado: millones de personas sin electricidad, gas y/o agua. Decenas de personas fallecieron por el frío. Miles de propiedades afectadas por rupturas causadas en las tuberías, debido a las bajas temperaturas. Refugios a su máxima capacidad. Supermercados sin inventario. Caos vial. Fue la peor semana en años. La responsabilidad fue repartida entre las autoridades estatales y los organismos veedores del sistema eléctrico estatal, aunque éstos apuntaron sus dedos a otras personas

A pesar de haber sido afectados por la tormenta, tuvimos la suerte y privilegio de contar con los recursos para mantenernos resguardados, dentro de casa. Muchos compañeros de trabajo no corrieron con la misma suerte. Sufrieron apagones por más de 5 días, sin servicio de agua potable por varias semanas, sin gas para encender la calefacción. Otros tuvieron que acudir a refugios para solicitar ayuda. Lamentablemente, hubo millones de historias similares en todo el estado de Texas.

Una semana de invierno, en un estado para nada preparado para el invierno, nos enseñó que debemos estar mejor preparados, porque es muy probable que se vuelva a repetir esta tormenta en futuros años. Nos enseñó que hay gente insensible y egoísta, pero que hubo más actos de solidaridad y apoyo en general, por los que el estado en general y nosotros estamos muy agradecidos. Nos enseñó que el excepcionalismo Tejano es un mito y que debe aprender mucho de su orgullo necio ante eventos como estos. 

Viví el invierno con el que fantaseaba cuando niño, y también las consecuencias de ello. Y tuve suerte, nuevamente. Una mezcla de fascinación y temor, por todo lo que implicó esta tormenta y sus consecuencias. Y una lección dura que aprender, para todos.

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