Arroparse hasta donde de la cobija

Ha surgido en menos de 24 horas sendos debates en mi TL de Facebook sobre el rol del equipo o “gear” en el trabajo a diario del fotógrafo profesional . He leído varias opiniones al respecto sobre esto, sobre lo que debería ser realmente importante para un fotógrafo profesional.

 

Como saben, todos tienen derecho a tener una posición y opinión sobre algo. Internet ayuda un montón a difundirlas, así como presentar bases que las sustenten, pero en general, hay mucho más allá que buscar una sarta de links y artículos que apoyen tu posición: tu educación, nivel socioeconómico, contexto geográfico, experiencia laboral, éxitos y fracasos en proyectos, etc. Cada línea permite leer entre líneas, y aunque ese no sea realmente el punto de este blog, podría ayudar a comprender el porqué de los otros, y así complementar (o no) nuestros porqués.

 

Por mi parte, tengo una lista larga de fracasos, proyectos caídos y decepciones en lo referente al mundo fotográfico. Confieso que mucho de ello se debió a falta de ánimo y confianza en mi mismo. Prueba de ello esta misma página: borré todos mis blog posts, mis “álbumes de portafolio” para entrar en esa fase de introspección y ver realmente qué demonios haré con mi vida. Por tanto, me siento en enorme desventaja frente a quienes se dedican a esto todos los días, no obstante, vuelvo al hecho de todos debemos tener una opinión, así no agrade o esté alejada de la realidad (says who?).

 

Por tanto, viniendo de esta rara posición, comento sobre la influencia del equipo fotográfico.

 

  • Es relativo. En serio. Hay muchos factores que pueden influir en la elección del equipo, sea deliberada (por ejemplo, asumir el costo de fotografiar en film a propósito because of reasons) o no (no hay suficiente dinero para comprar el equipo con todos los bells and whistles). Es sencillo preguntarse cómo un fotógrafo de deportes usa film Velvia en un Super Bowl en pleno siglo XXI, o por qué Tamara Lichtenstein (una de mis favoritas) hace su trabajo con una Contax T2. No obstante, las respuestas pueden ser variadas: porque quieren/no quieren, o pueden/no pueden. Eso no les detiene de hacer su trabajo (el que sea bueno o no es otra discusión). Y eso está bien.
  • Una cámara profesional es aquella que te permite hacer un trabajo remunerado y que cumple con las exigencias de quien adquiere el servicio, en un contexto específico. Punto. Nadie creería que un iPhone es una cámara profesional (HAHAHAHAHAHA), pero lo es. Pregúntenle a Kim Kardashian, o a bloggers viajeros que recorren el mundo con una DxO One o una Sony de bolsillo. Nuevamente, es relativo.
  • Estamos viviendo los pro y contra de la democratización y fácil acceso a estas tecnologías (esto sin hablar de los precios de estos equipos). Esto da la oportunidad a muchos a tener acceso de alguna forma u otro a experimentar con fotografía, u otro oficio (por ejemplo, programar). Esto no me parece mal. La diferenciación entre uno y otro vendrá dada por, nuevamente, la calidad del trabajo de cada uno (y repito, esa es otra discusión).
  • A mayor acceso de funciones y features en un equipo, hay un rango mayor de opciones creativas con las que experimentar. No lo niego. Sin embargo, no siempre este es el caso, o no siempre queremos/necesitamos eso (o no podemos pagarlos, nuevamente). Sobran los casos de gente que sacrifica FPS, megapixels, incluso el peso de la cámara, etc., por algo más sencillo y fácil de manejar. Daido Moriyama usa cámaras Ricoh por su simpleza de uso, peso, calidad de construcción, pero más que todo, ‘porque el equipo no importa‘ (son sus palabras, no las mías). Este es uno de los muchos casos. En otros casos, sí es importante tener más funciones, o que sean las más optimas en su categoría (FPS, rango dinámico, buffer infinito, calidad de construcción, etc.). Casos como estos sobran (deportes, paisajes, bodas, fotoperiodismo, etc.). Vean cómo Lynsey Addario pone a prueba su equipo en condiciones difíciles, pero el tener un buen equipo que soporte esas condiciones y, sobre todo, tener un excelente ojo, ha hecho que logre fotos maravillosas en situaciones que jamás querríamos estar involucrados.

 

En otras palabras, todo esto es una justificación burda de it is what it is. A veces no podemos, a veces no queremos tener esos equipos. Me habría encantado comprar una mirrorless hace un mes, pero tengo una DSLR del nivel más básico, y aún así me gusta mucho. Solo basta con leer el manual de instrucciones para saber cómo usarla, y ya. Hacer un trabajo memorable, que trascienda, emocione y llame la atención (de buena o mala manera) es otra historia, y para eso se necesita más que las pocas o muchas opciones que una cámara te ofrece. Y esa, mis amigos, es otra discusión.

 

El título de esta entrada versa sobre las limitaciones que podemos tener para hacer cualquier cosa. Sea dinero, tiempo, etc.: hay prioridades que deben ser atendidas, y eso podría reducir nuestras opciones allí afuera. La cobija podría ser corta, o a veces termina siendo muy larga. A veces la cobija no abriga lo suficiente, o simplemente nos da mucho calor y terminamos la noche bañados en sudor. Así que lo único importante, de todo esto, es saber escoger la cobija de acuerdo a lo que queremos, para así estar cómodos, felices, y dormir tranquilos. Cada quien que lidie con su propia cobija.

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