AMATEUR

Este post es más un acto de honestidad que otra cosa.

Pasé muchos años pensando, realmente, en un qué y cómo respecto a la fotografía. Fantaseaba con equipos costosos, lentes perfectos, pasearme entre film y digital como cambiarse de ropa interior todos los días, sin importar el costo del mismo. No dejaba de leer reviews, opiniones, comentarios de quienes se llaman “pros” en la fotografía.

Pensé, como dije hace varios meses, que podría despegar una carrera, una y otra vez. Y no lo logré. Hubo varios factores, pero creo los más importantes fueron el timing y recursos.

Timing:

Siempre estoy ocupado. Desde trabajar, atender a las niñas, etc. Sacar tiempo para esto ha sido mi máximo problema desde hace varios años. Siempre hay algo más importante, y en este caso, era vivir mi propia vida, disfrutar mi vida en pareja con mi esposa y ver crecer a mis hijas. El trabajo, demandante como siempre, absorbía buena parte de mi rutina. Y al final del día, el cansancio me llevaba a la cama temprano. Eso de estar hasta las 11PM viendo Netflix era como salir de fiesta: una cosa que sucedía cada cuaresma, y con consecuencias fatales al día siguiente. Por tanto, ¿Cómo alguien puede desarrollar una carrera paralela a esto? ¿De dónde sacaba el tiempo y fuerzas para poder iniciar un negocio modesto de fotografía?

Recursos:

Buena parte del 2016 utilicé mis fieles cámaras de bolsillo: una Canon Powershot S100 y el iPhone 6S. La Canon, desafortunadamente, dejó de funcionar, dejándome solo con el iPhone a la deriva. Encontré en su simpleza de uso y limitación de funciones mucha gratificación al usarla. Sin embargo, para llevar las cosas un paso más allá, no bastaba con usar el RAW mode de Snapseed o VSCO.

A final de año, ya tenía una idea de qué hacer, y si bien la mejor cámara es la que tienes contigo, sabía que necesitaría algo más “flexible”. Pasé varios meses tomando fotos en film, y fue igualmente gratificante. Sin embargo, no he revelado los rollos que disparé, y siempre me pregunto qué hay en ellos, qué tal salieron las fotos. Luego de un accidente con la cámara que estuve usando, me di cuenta que el Film no es el medio más conveniente para mi en este momento. Por tanto, surgió nuevamente la idea de conseguir una nueva cámara digital.

A esta altura del partido, tengo claro lo que quiero hacer en fotografía, pero más de eso luego. Esta vez el problema ya no fue el qué, sino el cómo. Por tanto, comencé a estudiar nuevamente fotografía: leer libros, blogs, tutoriales, videos en Youtube. Igualmente, revisé los portafolios de varios fotógrafos y amigos, tratando de analizar y comprender su lenguaje visual, para así tratar de definir el propio. Surgió la oportunidad de comprar una DSLR económica y la aproveché. Lo gracioso es que es una cámara, según Canon, orientada a “principiantes que quieren algo más de lo que sus smartphones pueden ofrecer”.

Y allí caí en cuenta. Sin importar todos los años que pasé estudiando, aconsejando, fotografiando, etc., sigo considerándome un principiante, un amateur. Y no por el hecho de no asumir esto como un trabajo, o un servicio profesional que podría ofrecer, sino que estuve básicamente haciendo lo mismo en los últimos 4 años. Trabajo personal, más nada. Lo disfruté, eso sí, y seguiré haciéndolo.

Me dejé de necedades y de fantasear, de momento, en Mirrorless costosas con adaptadores a lentes de montura M, de manera que tener a su vez una Leica de film y tener un solo ecosistema de lentes. Vamos, la cámara que tengo ni siquiera tiene modo Bulb. Es un smartphone gigante con un sensor APS-C y modos PASM, con lentes intercambiables. La simplificación de la fotografía plasmada en un dial con acceso rápido para tomar fotos de Comida, Retratos, Paisajes, sin mucho esfuerzo. Pero me sirve, de la misma forma en que el iPhone y la Canon Powershot S100 me sirvieron por tantos años. Me sirve, igual que una SLR de film de los años 70, con todas las limitaciones que implica el medio. Me sirve, como a cualquiera que lee esto y tiene una cámara en su repisa o closet, sin importar la marca, modelo o lente, esperando a ser usada.

¿Por qué, entonces? Porque es la forma de probar mi punto: Que sí se puede. Y que debo comenzar de nuevo, como tiene que ser. El qué cómo están de alguna manera delineados. El cuándo: es ahora, y el por qué: más de eso luego.

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