Vista desde la ventana en Le Gras (1826), por Joseph Nicéphore Niépce (1765–1833).

Harry Ransom Center. Austin, Texas.

Presenciar este fragmento de espacio y tiempo, para luego pensar en todos los avances y evolución de la fotografía en casi 200 años, fue indescriptible. Como fotógrafo (y colaborador en una empresa que hace software relacionado a fotografía), estar ante la presencia de este documento es una mezcla de suerte, honor y privilegio. 
Jamás pensé en verla en persona: siempre imaginé que era un artefacto expuesto en algún museo en Europa, o en las propiedades de la familia Niépce en Francia. Resultó estar a 30 millas de donde vivo. En un centro de estudios dedicado enteramente a preservar obras de artes, libros y otros artefactos de alta importancia cultural.
Allí está expuesta. En un cuarto oscuro, con una luz tenue, y una nota que indica "Es mejor si lo ves desde las esquinas de este cuarto", lo cual explica el ángulo de la foto. Y puede apreciarse, aunque de forma tenue, un fragmento de historia. Un primer paso, que llevaría a décadas de estudio de la luz, química, y luego sobre sensores y algoritmos en varios lenguajes de programación. 
No obstante, siguen siendo casi 200 años de la misma conversación sobre la luz y cómo la interpretamos o capturamos. Ya sea un fotograma estático, o una serie de ellos (con baile y música incluidos), todo gira en torno a nuestra habilidad y herramientas para preservar un momento y espacio.
La heliografía de Niépce fue una de los primeros intentos en esta noble tarea. Es un viaje al pasado: 200 años atrás en la historia, una ventana al mundo capturada en una pequeña placa de peltre expuesta al sol con bitumen y luego revelada en aceite de lavanda. Es la fotografía permanente más antigua conocida y aún conservada.
Es inevitable, al mismo tiempo, de hablar de igualdad, equidad y justicia en estos tiempos modernos. A diferencia de hace 200 años, la fotografía como medio de documentación ha ayudado a millones de personas a transformar su voz e ideas a un formato visual rico y único. El avance de la tecnología ha permitido que ésta sea más accesible y asequible para muchos. Adicionalmente, preservar documentos como éstos, que nos permitan estudiarnos como especie y miembros de una sociedad requiere de un gran esfuerzo, recursos, voluntad y temple que permitan tolerar el paso del tiempo y las acciones del hombre.
No dejo de pensar en ese momento, en el paso del tiempo, y el trabajo que realiza el Centro Harry Ransom, donde está expuesta. Podría seguir escribiendo sobre ello, pero recuerdo que estuve sin palabras un buen rato mientras la observaba. Y creo que trata sobre ello. En su sencillez y valor soban las palabras. 
Por eso es la fotografía más importante que existe.
Gracias a Ø, quien me enseñó a ver la luz, una vez más.

You may also like

Back to Top