Hace muchísimos años, tenía la costumbre de fotografiar en film, y mucho. El film era económico y asequible, tenía laboratorios de revelado cerca de casa, y no era complicado comprar una cámara nueva al menos 2 veces al año. Por mucho que hubiese deseado tener una rangefinder Leica, el presupuesto no era ilimitado, y en esa travesía de encontrar la herramienta adecuada, lo mejor era no invertir mucho dinero, y saber que podía vender las cámaras si no eran las correctas para mi.

Oficialmente, mis primera cámaras de film fueron una Diana Mini y una Fisheye Number 2, de Lomography. Las compré en 2010. Estaba obsesionado con la Lomografía, y por buenos motivos: 

Primero, me gustaba la estética y filosofía de la Lomografía. Ya había leído sobre la Lomografía en revistas y prensa, pero nunca lo vi como algo tangible, que podría probar o experimentar, pero eso cambió gracias al internet, redes sociales, y plataformas como Flickr y Tumblr.

Segundo: Me ayudó a conocer gente muy genial y bonita desde entonces, tanto en mi país de origen como fuera de él. Muchos de ellos se convirtieron en buenos amigos, ya que con el tiempo descubrí que la fotografía no era lo único que nos unía como colectivo. Compartimos todo tipo de momentos, buenos y malos, y sobre todo pudimos capturar el paso del tiempo.

Oriana y Juan. Parque Los Caobos. Caracas, 2012.

El tiempo ha transcurrido, y todos hemos cambiado de una forma u otra. Ya nos unen otros aspectos de nuestras personalidades, o sencillamente ese lazo ya no existe (o está durmiente). Nos relacionamos con otras personas, y desarrollamos nexos más fuertes y personales con ellas. Tenemos nuevas relaciones, creamos nuevas familias. Evolucionamos, crecemos, o inserte cualquier símil que represente el cambio que viene con el pasar del tiempo. Solamente sucede.

Cada evento individual o colectivo nos ha moldeado. El entorno que nos rodea, las circunstancias en que vivimos, y las personas con quienes crecimos y convivimos. El ser humano es un como sistema, que depende de la adaptación e intercambio de información/energía para su supervivencia. Conectamos de maneras insospechadas, de manera accidental o a través de esos espacios donde logras ver en el otro que hay cosas tanto en común como en desacuerdo, pero que en cierta forma "it goes both ways", para al final encontrar espacio para la mutua capitulación o entendimiento.​​​​​​​

Yashica Electro 35 GSN. Recuerdo haberla comprado en eBay en 2014. Actualmente no sirve, así que la estoy usando a modo de decoración en mi casa.

Siempre pensé que la fotografía fue un elemento importante en crear esos lazos con muchas personas a quien quiero y aprecio. Fue un vehículo para capturar esos momentos y emociones, sin saber qué vendría al día siguiente. Y la verdad, pasaron muchísimas cosas.

Conforme pasan los años, sigo manteniendo la opinión sobre el valor de la fotografía y su relación con el paso del tiempo. A pesar que las cámaras van y vienen, la conversación no debería centrarse en ISO y megapixeles, porque al final son solo herramientas físicas para un fin mayor. La Yashica arriba dejó de funcionar hace mucho tiempo, y repararla es más costoso que comprar una similar en eBay, pero la conservo porque me recuerda dos cosas: todos los momentos que capturé con ella, y que el tiempo pasa.

Anyi, Cristian, Viviana, Carlos, MJ,  Yole, Oriana y Ciro. Caracas, 2012.

Ya no somos los mismos de antes. No estamos con las mismas personas que pensamos compartir una vida juntos, entre risas y fotos. Nuestros cuerpos ya no funcionan de la misma manera. Pero esto no es un llamado a la nostalgia, ni de volver al pasado. Es una forma honesta y breve de reconocer que, si bien nada ha sido perfecto o como lo hubiésemos deseado, ha sido bonito crecer a través de la fotografía, y de haber encontrado (y seguir encontrando) a gente excelente con quien conversar y compartir gracias a ella.

Oriana, Cristian, MJ y Carlos. Caracas, 2012.

You may also like

Back to Top