Aeropuerto Internacional Simón Bolivar, 2009. De la primera vez que subí a un avión.

De donde vengo, traje conmigo recuerdos, tradiciones, olores, sabores.

Me traje la paciencia y tacto de mi madre.
Me traje la terquedad y fuerza de mi padre.
Me traje el humor y colores de mi hermano.
Me traje los bucles y constancia de mi hermana.

Me traje muchas cosas de Venezuela. Sobre todo fotos. Muchas fotos. Faltaron muchas por tomar, eso sí. Y cada foto es un momento, un recuerdo en particular al que me aferro como a una estampita de un santo. Sea de alegría, nostalgia o tristeza, mis fotos me llevan a donde no puedo estar ahora. Y me da miedo perderlas. 

Hace muchos años, perdí al menos la mitad de mis archivos digitales. Varios GB que no estaban respaldados en la nube desaparecieron. El problema: un disco duro externo corrupto e irreparable. Al mudarme de país, también dejé cientos de negativos atrás. 35mm, 120, instantáneas. Al menos de éstas si conservo copias digitales.

La data puede ser corrupta fácilmente, alterando el fondo y forma de la imagen, hasta hacerla irreconocible. Como la memoria misma, una imagen puede volverse una serie de datos irrelevantes o irrecuperables, sin sentido, hasta que pierde su valor y desaparece. Sin dejar rastro atrás, se une a la lista de nomeacuerdos y semeolvidós que cada día crece más y más. Recrearlas mentalmente es un ejercicio titánico, el cual no importa cuánto me esfuerce: en algún momento me vencerá y ni siquiera recordaré por qué lo hice en primer lugar.

Muchas de esas imágenes que conservo representan momentos y personas que difícilmente vuelva a ver en mi vida. Que eventualmente desaparecieron, ya no están, o que sencillamente no forman parte de mi día a día. De pasar a dar sentadas las cosas, a añorarlas via formato jpeg, o una nota de voz en Whatsapp. Y pensar en la pequeña posibilidad de no tenerlas, o incluso de no crear nuevos recuerdos en forma de fotos, es aterrador.

Comencé un experimento en hicetnunc donde intervine 4 fotos que tomé hace casi 12 años, y están disponibles como NFTs. Son espacios corruptos en mi mente y en el mundo real. Es data que no puedo controlar, reconstruir, ni recuperar; es un recuerdo que eventualmente desaparecerá, se fragmentará en mi mente y en Internet, y dejará de pertenecerme.

De donde vengo, me traje miedo y rabia por las cosas que dejé atrás. Pero me traje fotos para recordar las cosas y personas que me han acompañado y que, sin ellas, no estaría aquí, escribiendo esto. Y espero duren y perduren. Porque las necesito. Y a cada lugar y persona en ellas.


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