¿Por qué tomamos fotos?
Es una pregunta que me hago cada tanto tiempo, y generalmente me decía lo mismo a modo de respuesta: porque queremos capturar un momento en un lugar y tiempo determinados. Recientemente, estuve en un taller de autorretratos fotográficos, y me hice la misma pregunta varias veces.
Esta vez, tocó pasar por varios sucesos que me llevaron exactamente a ese momento en que la profe me preguntó: JoséMa, ¿Qué haces aquí y qué es lo que estás buscando?
Resulta y acontece que mi llegada a la fotografía fue accidental. Tengo este tío, a quien quiero y admiro mucho, quien es un ávido de la fotografía, y generalmente tiene fotos muy bonitas de su familia. Por allá en 2006, este tío volvió a Venezuela, después de vivir por años en el extranjero, por unos días. Al reencontrarnos con él y su hermosa familia, nos presentó una cámara digital. Una Canon Powershot A540. Para aquel entonces, solo teníamos una cámara de “apunta y dispara” que usaba film 135. Y generalmente, era mi tarea enviar los rollos expuestos a un fotoestudio ubicado entre la Av. Bermúdez y Av. Carabobo en Los Teques, ciudad donde viví por más de 20 años y donde aún vive mi familia. El local tenía una regla de “Revelado en 30 minutos”. Y me aseguraba cada vez que iba allá que esa política se respetase, porque así de ansioso era cuando era más joven. 
Pero esta cámara digital cambiaría todo. Era digital, para comenzar por allí. Solo necesitabas una PC con un puerto USB para poder descargar las fotos. Y tener suficiente espacio en tu disco duro para poder guardarlas allí. Para aquel entonces, nuestra PC tenía 40 GB de espacio en el disco duro, tal vez menos. Los “Pen Drives”, o USB Sticks, eran sumamente populares, y tener uno de al menos 256 MB de almacenamiento era un privilegio. Por suerte, la cámara Canon era de 6.1 megapíxeles y solo tomaba fotos en JPG, lo cual hacía que cada foto tomase poco espacio para estándares de hoy, pero fácilmente podías llenar ese USB Stick con las fotos que tomabas en un viaje familiar.
Así que esto tenía sus ventajas y desventajas, pero en especial el hecho que el revelado tardase menos tiempo. Podías verlas en casa, y si tenías impresora y mucho dinero para comprar tinta y papel también podías imprimir en casa. Solo nos alcanzaba para lo primero. Pero no más viajes al fotoestudio. No más ceños fruncidos del técnico del fotoestudio al escucharme “¿Ya está lista mi orden?”.
Así que así comenzó todo esto. En 2006, y muchas cosas han pasado desde entonces. Para no adentrar, tuve una relación de amor/odio con la fotografía en film desde 2009, cuando conocí la Lomografía a través de una amiga de Tumblr, hasta 2020, cuando vendí mi Olympus OM-1 y regalé mi film y otra cámara de film a esa misma amiga, quien se convirtió en una de mis mejores amigas. Pero más relevante es precisamente los motivos cambiantes que, cada tanto tiempo, respondieron la pregunta original.
“Porque quiero participar”.
“Porque quiero generar clout en Flickr o Tumblr”.
“Porque es muy cool la fotografía de bodas”.
“Porque el film no puede morir”.
“Porque quiero”.
2013 fue un año interesante. Había vendido mi Canon 60D para poder pagar los gastos médicos asociados al parto de mi hija mayor, Amelia. Para compensar, compré una Canon Powershot S100. Un downgrade masivo, pero necesario. Y mis prioridades cambiaron enormemente.
Ahora, es porque el tiempo está pasando.
No solo nació mi hija mayor, sino mi relación con mi pareja pasó a un nivel nuevo. Somos una familia ahora. Y comenzaron nuestros esfuerzos para darnos sentido de permanencia, estabilidad y unidad como familia. No podía seguir viviendo con el “shoot now, worry later”. Cada acción, de allí en adelante, tuvo que ser más premeditada, analizada. Nos volvimos más pragmáticos. Y nuestro alrededor comenzó a decaer estrepitosamente, hasta el punto en que tuvimos que salir del país en 2015. Para ese entonces, mi esposa estaba embarazada. Nos enteramos un mes antes de irnos.
Así que la búsqueda de permanencia siguió siendo parte de nuestro día a día, y las fotos reflejaron ello. De cómo Amelia estaba creciendo y adaptándose a este nuevo lugar. De Miranda, mi hija menor, creciendo en el vientre de mi esposa. De mi esposa y yo, solos. Esperando que este nuevo lugar nos ofreciese lo que estuvimos perdiendo por muchos años. De crecer y echar raíces.
Y pasó, en parte. Nuestra hija nació, y fue uno de los días más bonitos y tristes de mi vida. Feliz, porque estuvimos esperando ese momento por mucho tiempo. Tristes, porque no había más familia con quien compartir esto. Y realmente, ese fue el highlight de los siguientes dos años. Literalmente, solo nos teníamos el uno al otro, y las oportunidades que quisimos buscar en este nuevo sitio no resultaron ser como esperábamos.
Todo se tornó más complicado, más doloroso e incluso peligroso en ciertos aspectos. La depresión y ansiedad atacó, más otros problemas de salud. La malicia tiene tentáculos largos, pensé en aquel entonces. Y tocó irse de nuevo, a otro sitio. Fue la apuesta del año, y nos sentimos más miserables que nunca. Pasamos varios meses de incertidumbre hasta que al fin logramos ver una luz al final del túnel. Tenue, débil, pero lo suficiente para poder encontrar el camino.
Estuve revisando varios archivos antes de comenzar este taller. Son alrededor de 400 GB de datos, en un espacio de 12 años. Son muchos USB Sticks de 256 MB. Y la verdad, me di cuenta que nunca logré ese sentido de permanencia que tanto anhelaba. Creo que, como inmigrante, nunca lo voy a lograr. Pero sí me di cuenta que en los últimos 8 años, esa búsqueda de la posteridad fue reemplazada por algo más inmediato, volátil pero poderoso.
El poder del hoy y ahora.
Cada vez tomaba menos fotos, y todas fueron sobre momentos mundanos, sencillos y cotidianos, pero que en su momento, reflejaban lo que siempre fue importante para nosotros cuatro: estar juntos, y felices. Reflejaban no cómo mis hijas crecieron, sino cómo veían el mundo a su edad. No reflejaban cuánto envejecimos mi esposa y yo, sino el cómo pudimos salir adelante y vencer las adversidades, juntos. 
No sé qué vendrá mañana, ahÍ veremos. Pero hoy es lo que importa. Y es muy probable que tome alguna foto. O tal vez no. 

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